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Artículos, reflexiones, citas...

Salud mental en tiempos de Coronavirus

3/28/2020

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​Estaba dándole vueltas estos días a diversos temas para participar en un foro sobre salud mental on-line, al que se nos invitó . Había decidido finalmente echar la vista atrás , 25 años atrás, desde el inicio de mi trabajo como psicólogo en un entorno concertado y, sobretodo, privado. Este sector que queda muchas veces invisibilizado en las cifras de atención en salud mental y que, sin duda, es un sector mayoritario. Este entorno recibe clientes con diversos trastornos adaptativos, trastornos de la personalidad y diferentes patologías ansioso-depresivas,  síndromes de estrés y dificultades del vivir, del ciclo vital.  Mayoritariamente, no son “grandes y severas” patologías mentales pero generan mucho sufrimiento. Mi enfoque es integrador: cognitivo y, básicamente, experiencial-humanista.
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Me había planteado reflexionar sobre los cambios acontecidos en este tiempo de carrera profesional: ¿Los motivos de demanda eran diferentes ahora que a finales del siglo pasado? ¿ Cómo afecta la nueva realidad social, la postmodernidad, a la psique humana, cómo la re-configura? ¿Qué necesidades y valores se ponen en un primer plano en este tiempo que vivimos? Y desde luego ¿cómo la psicología y en mi  caso, la psicoterapia va a responder a este nuevo tiempo, esta nueva manera de vivir , de relacionarse, de enfermar…?.
Me encontraba buscando información para enhebrar la reflexión cuando, hace 10 dias, la pandemia por el coronavirus impacto de lleno en nuestra realidad y sin quererlo, puso delante de mí ciertas respuestas a aquello que me preguntaba. De alguna manera, esta pandemia señala muchos de los signos de nuestro tiempo: la globalización, la interconexión contínua entre todos en todo momento, la velocidad, el ritmo veloz también para los virus… la incertidumbre, la visualización descarnada de la falta de recursos de lo público, lo que nos sostiene en tiempos difíciles revalorizado ante los ojos de todos. Y pasados unos días el confinamiento y con el nuevas realidades, o mejor dicho, el contacto con ciertas realidades que siempre han estado ahí pero escondidas: la ralentización del ritmo, ya que no hay hacia donde correr. También el “tocar” incluso organicamente nuestros límites (también los psicológicos, emocionales…). A aceptar la frustración que conlleva la nueva situación. La desconexión física de nuestro entorno, de nuestras personas queridas. La cooperación, pues ya no tiene mucho sentido ni espacio competir….
 
Casi de repente , el mundo se ha vuelto pequeño, peligroso, limitado y aún más incierto de lo que ya era. Un mundo con la ausencia física “del otro”. Un mundo de duelos…

Y, al levantar la vista en este panorama insospechado y extraño, vemos las costuras de nuestra experiencia en este S. XXI, y vislumbramos que lo que queda es lo esencial, lo esencialmente humano: el miedo, la incertidumbre, la ausencia del otro, la finitud, la enfermedad, el límite…pero también la comunidad, la solidaridad, la re-valorización del otro, el aquí y ahora,el valor de lo cotidiano, de lo compartido, el trabajo con la aceptación…

Nos pensamos trans-humanos o super-humanos y nos descubrimos más humanos que nunca, para bien y para mal. Y aquí llego en mi reflexión: a pesar de las circunstancias y de un mundo cambiante, fluido, postmoderno, bajo mi punto de vista siguen existiendo constituyentes humanos básicos en lo que nos podemos encontrar a lo largo del tiempo y de sus circunstancias, nuestro núcleo , nuestra esencia.

Nuestras necesidades de seguridad , de certidumbre, de vínculos humanos sólidos, de pertenencia, de dar un sentido y trascender aquello que vivimos nos configuran, nos estructuran. Así que, después de lo pensado, no me parecen tan importantes las formas  que la patología o el sufrimiento en salud mental puedan adoptar en un momento histórico dado (aunque deban conocerse e integrarse en nuestro quehacer terapeútico), sino  que, si miramos de forma más holística y comprehensiva, bajo estas formas se encuentra el ser humano, siempre el mismo y otro a  la vez, en evolución constante desde su humanidad.  Así que me atrevo a sugerir una atención en salud mental humanista, que pone a la persona en el centro de su atención, y que estaría bien que, más allá de la eficacia o junto a ella, valor o variable que en estos tiempos parece el santo grial, incorporara esta mirada de la persona y de su naturaleza.


Miquel F. Oriol
 
 

Marzo 2020

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Afrontar la pérdida de un ser querido

3/22/2020

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Todos nos hemos encontrado alguna vez o nos encontraremos ante la pérdida de una persona íntima, entrañable, muy querida, casi insustituible en algún momento de nuestra vida. Cuando sucede todo se para, nuestro corazón parece que se vuelve muy frágil, nos atenaza un dolor intenso, como un nudo gigantesco que no nos permite respirar y a la vez surge un llanto intenso o en ocasiones se queda en un llanto ahogado que no puede salir. Por muchas palabras de consuelo y apoyo, nuestro dolor y tristeza es tan fuerte que parece que nadie ni nada nos puede consolar.
                                                     
Al principio es así, surgen sentimientos que no podemos ni debemos reprimir: rabia, enfado al sentirnos abandonados por la persona que hemos perdido o personas (médicos, etc.) que creemos culpables de su muerte, negación : a veces entramos en un estado de shock que nos hace negarlo todo , no nos creemos lo que ocurre o lo que esta pasando.
 
Después llega una gran tristeza, un desconsuelo, por todos aquellos momentos que compartíamos y que no volveremos a tener, los abrazos que no volveremos a sentir. Más tarde, poco a poco surge la melancolía, el dolor ya no es tan intenso, tan fuerte, parece que podemos respirar mejor, hablar con los demás, volver a compartir cosas, empezar a vivir y finalmente volvemos a integrarnos, relacionándonos, volvemos a ser capaces de querer y de recuperar ilusiones, aunque el recuerdo está  presente y nos acompaña formando parte de nuestra vida.
 
Estas etapas o fases de pérdida o duelo no tienen porque pasa exactamente en este orden, pueden variar, lo importante es llegar a la última.Pero a veces ocurre que nos quedamos como anclados, fijados en el dolor, en el llanto, en esos recuerdos que nos invaden de una pena infinita que nos ahoga y no nos permite continuar con nuestra vida; hay un tiempo para llorar, enfadarse, sentir dolor y recordar es difícil establecer los límites (de 1 a 2 años) depende de la pérdida y el impacto recibido, las circunstancias. Pero si todo ello persiste demasiado en el tiempo, es recomendable acudir a un profesional (psicólogo) que nos ayude a trabajar todos estos sentimientos bloqueados y nos acabe de acompañar en el proceso del duelo.

Autora: Silvia Gracia Santos. Cpich
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Dudas

3/22/2020

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La cliente de ayer me recordó con toda su crudeza el desgarro interno que se produce en el interior de ese conglomerado de instintos, motivaciones, pensamientos, emociones y conductas que es el ser humano, delante de un dilema o duda vital. Es , literalmente, como si una parte de uno mismo luchara contra otra parte del mismo yo.Y me hace reflexionar sobre la maravilla que es el funcionamiento integrado de dichos subsistemas de la personalidad. Sentirse tranquilo, ajustado, adaptado. Esto que parece tan habitual ,tan cotidiano para muchos de nosotros, es realmente uno de los mayores logros de la naturaleza humana. Parece mentira que, en medio de un marasmo de estímulos exteriores entre los que nos movemos habitualmente en este inicio de siglo, consigamos mantener la mayor parte del día, la mayoría de días, la unidad interna y el bienestar que conlleva.
 
¿Quién no se ha sentido, alguna vez, confuso, desorientado, atrapado en fin entre dos posibilidades, dos opciones, dos o más caminos diferentes?. “Estar en la encrucijada” es una expresión que, visualmente, resulta muy potente y adecuada para este estado anímico interno.
 
Sin embargo, una y otra vez, y desgraciadamente no sabemos cuando, la vida te presenta situaciones problemáticas, complejas, en las que es ineludible posicionarse (conflictos familiares, proyectos vitales, carrera profesional...) y  que ponen en peligro dicha unidad emocional-cognitiva.
 
Yo, que estaba tan tranquilo, que sentía que, relativamente al menos, dominaba mi vida, mis emociones, mi estado de ánimo, aquí estoy, confundido y sin ver una salida aparente.
 
Delante de esto entonces, podemos evadirnos, hacer como que no están (mentira, siempre las llevaremos pendientes, “el hombre lleva consigo heridas de todas las batallas que no ha librado”) o, entre asustados y corajudos podemos empezar a mirarlas a la cara.  Empezar a tomar contacto con nuestro desgarro interno, con el desasosiego de la inseguridad , de la incertidumbre, del no saber qué hacer, hacia dónde decidir ni dirigirnos. Este primer contacto, normalmente desagradable es, en la mayoría de ocasiones, lo que nos llevará a a pre-ocuparnos, y más tarde a ocuparnos de la situación conflictiva.
 
Tras este primer contacto, nos concierne ir transitando por el camino de las posibilidades que se nos presentan. Sin embargo, para que sea un transito productivo, y no sólo un “marear la perdiz” interno, con el resultado probable de una parálisis decisoria y acaso vital( emocional, práxica, ideativa) , seria bueno incluir algunas ideas: no sólo utilizar la parte cognitiva para decidir, ya que dejaríamos fuera el 50 por ciento de información: la del cuerpo. Sólo con la implicación somático-emocional podemos llegar a una conciencia plena sobre lo que nos encaja más de una determinada situación. En otras ocasiones, siguiendo las fases del proceso creativo, y entendiendo el proceso de decisión como una solución de problemas, deberemos dejar espacio y tiempo de inactividad sin presionar en la solución ,la llamada fase de “incubación” , necesaria para un verdadero trabajo interno y posterior resolución. Aún en otras, nos tocará discriminar los valores personales que se hayan implícitos en las opciones que se nos presentan, con vistas a discriminar cuáles nos aparecen cómo más “nuestros”, más genuinos, menos interiorizados del ambiente familiar o cultural que nos rodea.
 
Tendremos que realizar toda y cada una de las fases del proceso decisorio que, en el modelo terapéutico humanista integrador (R.Rosal y A,Gimeno Bayón,2003), donde se enmarca esta reflexión, incluye cinco momentos diferentes: a) valoración b) decisión implicadora c) movilización de recursos d) planificación e) ejecución de la acción), cuyos factores no siempre son totalmente conscientes.
 
Como puede observarse, cada transito es o será idiosincrásico, único en cada persona. En este sentido, a pesar de que hablamos de fases, no existen dos procesos decisorios iguales. Dependerán del estilo de personalidad que poseamos, de nuestro contexto vital actual, de nuestra experiencia previa y, como fondo, consciente o no , de nuestro proyecto vital.
 
Sólo un proceso de decisión que contemple la totalidad de aspectos anteriores podrá resolverse en una solución plenamente satisfactoria, generando un movimiento evolutivo libre y sano.

​Autor: Miquel F. Oriol Guerrero. Cpich
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Renunciar

3/22/2020

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Según el diccionario de la RAE (Real Academia de la lengua), renunciar significa “desistir de algún empeño o proyecto. Privarse o prescindir de algo o alguien”. Tiempos estos que nos toca vivir la renuncia, obligados (en principio es así) por circunstancias económicas sobrevenidas, de forma directa o indirecta. Y que sorpresa al descubrir lo difícil que resulta renunciar a los que poseíamos: coche, estatus, actividades, ropa…
 
Parece que, según diversos autores, esperar es “ tener esperanza de conseguir lo que se desea”. Y como afirma Fromm “hasta en el lenguaje se observa la posesividad de nuestro tiempo. Yo no puedo", en sentido estricto, tener algo que no es material. Puedo sentir o no sentir esperanza.
 
Me pregunto entonces si es algo natural en el hombre esperar, tener expectativas. Según la visión humanista (Lersch, 1966) “ El deseo de vivir del hombre se nutre de las representaciones de las posibilidades futuras que aparecen en su horizonte objetivo y que se hayan relacionadas con aquello a lo que esperamos”. (También Lain-Entralgo)
 
Asi que parece que no sólo es natural (en un sentido tendencial o motivacional, enraizado en la naturaleza del hombre)  sentir esperanza, esperar, sino que además deviene en una actitud a cultivar (actitud esperanzada en Ramón Rosal, 2003) para un crecimiento personal armonioso.
 
Llegados hasta aquí, parecería que renunciar es el antónimo o lo contrario a esperar. Dejar de esperar. Y por tanto, insano de alguna manera. Esto sería así si la renuncia lo fuera a una esperanza sana o humanizadora. Entonces, nos toca revisar  las diferencias entre las esperanzas sanas y/o humanizadoras y las esperanzas insanas y/o deshumanizadoras (que no contribuyan a mi crecimiento personal ni el de mi entorno)
 
Así y siguiendo a Ramón Rosal (2003) son o se constituyen en esperanzas deshumanizadoras aquellas que suponen, en palabras del autor, bloqueos, distorsiones o dispersiones de la actitud esperanzada genuina. A saber:
 
No tienen en cuenta los limites de uno mismo, los otros y /o la vida.
No tienen en cuenta los obstáculos del camino y no aceptan ni la gradualidad en llegar al objetivo (lo esperado) ni el paso del tiempo. Es decir, presenta un déficit de tolerancia la frustración.
Son esperanzas voraces. Esperanza del que quiere tenerlo todo.
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Algunas reflexiones sobre la postmodernidad, el ciclo vital y el sentido de la vida

3/22/2020

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Estamos viviendo tiempos post-modernos, que se sitúan a partir del último tercio  del S.XX, por la superación del anterior paradigma: el paradigma modernista (Gergen,K. 1992/2006). Será esta una reflexión desde un punto de vista psicológico y social , y desde dos ejes: las características de esta era post-moderna que se filtran en todas las esferas de la experiencia humana, y el ciclo vital y sus cambios en este principio de S.XXI.

Analicemos primero cómo se conforma esta era post-moderna en algunos elementos que parecen ser evidentes y relevantes:
  • Multiplicidad: incremento exponencial de las fuentes de información, de los referentes, de las opciones vitales. Oportunidad: disponer de diferentes visiones, riqueza de las mismas. Peligro:¿Pérdida de referentes claros…?.
  • Virtualización: con la llegada de las nuevas tecnologías, el contacto con el mundo ha devenido, en muchas ocasiones, de segunda mano. Oportunidad: aumento en la cantidad de contactos. Peligro: Aumento pues de lo cognitivo, reducción del contacto, de la presencia del otro y de “lo” otro.
  • Relativización: de la autoridad (las grandes figuras no “trajeron” una mayor bienestar emocional… si este es posible). Se admite que no hay una única realidad. Un relato único y verdadero. Renacimiento de lo contextual como visión del proceso vital. Oportunidad: “empoderamiento" del individuo, del grupo. Peligro: relativismo, todo es posible… Todo es igual.
  • Diversidad: ligado al movimiento de la  globalización. Se ha producido un movimiento de diferenciación/individuación respecto a  los demás y una atención a la diversidad. Oportunidad: mayor inter-conocimiento. Peligro: paradójicamente, se va produciendo una uniformidad de la diversidad, para ejemplo basta tomar cualquier calle comercial de una gran ciudad europea (mismas marcas, imágenes,  colonización de lo  uniforme).
  • Instantaneidad: Todo se vuelve veloz, rápido. Oportunidad: inmediatez en el contacto, llegar a más personas.  Peligro: pérdida de profundidad en el contacto.
  • ​Renovación constante (novedad): LOS STOCK, IDEAS, MODAS, RELACIONES necesitan una continua renovación…lo fresco, nuevo …generando una corriente incesante de utilización de recursos. Oportunidad: creatividad, búsqueda incesante. Peligro: limite en los recursos. Minusvaloración de lo que no es nuevo, de su sabiduría (vid. Guardini), de su profundidad y solidez.
 
 Venimos de un modernismo (hasta finales s.XX) en España, con un aumento del “bienestar” económico, consumo ilimitado, la falacia de alcanzar la felicidad (incluso como un derecho). Debilitamiento de valores como el esfuerzo, la comunidad, el respeto, la sabiduría, la paciencia, la maduración. Entronización del individuo y sus deseos: "lo quieres, lo tienes", como mostraba un anuncio en televisión no hace mucho. Avances tecnológicos que nos permiten llegar a una verdad “objetiva”, a conocer cada vez más objetivamente al “hombre”. “Yo soy el dueño de mi propio destino”. Dominio de la naturaleza.

Examinemos ahora el estado del ciclo vital en el posmodernismo. Tomaremos como base el trabajo de Guardini,R (1970) y su fantástico análisis de las fases del ciclo vital. Guardini define tareas específicas para cada una de las fases y situaciones de “crisis” en el agotamiento de una fase y advenimiento de la siguiente.
Hay un primer hecho relevante: el cronológico. Las edades que comprende cada fase se han ido ampliando o recortando, como veremos más tarde. Han ayudado a ello factores como los avances médicos, la alimentación, la educación, las oportunidades…

Nos detendremos después en algunas fases específicas de particular relevancia en esta era posmoderna. Guardini define las siguientes fases en el ciclo vital con sus consiguientes crisis (las edades de cada fase son orientativas):

  • la crisis de maduración desde la infancia >> joven (12-18 años)
  • la crisis de la experiencia (del joven al adulto joven) >> adulto responsable (18-30 años)
  • la crisis de la experiencia del límite (del adulto joven al adulto maduro >> adulto serenado (30-45 años)
  • la crisis del desasimiento (del adulto maduro a la vejez) >> adulto sabio (45-70 años)
  • la crisis del quedar inerme (apoyarse en los otros) >> adulto senil (70 años en adelante)
 
Podemos observar varias cuestiones: las fases anteriores, a partir de la segunda, el hombre joven, parecen haberse hecho más flexibles y abarcan más tiempo cronológico : la fase del hombre joven (2) se alarga, debido a la extensión de los estudios, la crisis económica y la sobreprotección parental. La fase siguiente pues, la de la persona responsable, empieza más tarde y se estira casi hasta los 40 años de edad. Así empieza la cuarta fase, la de la persona madura que nos lleva hacia los 50 años. La experiencia del límite se estira una década, en parte por la extensión cronológica de las anteriores, pero también por las capacidades psicofísicas mejoradas (autocuidado, alimentación, deporte…) y la cantidad de oportunidades de “reinventarse”, palabra muy utilizada en estos tiempos de crisis económica. Asimismo, se implementa en la sociedad postmoderna la idea de que no hay límites, de que todo es posible. Como dice Guardini “ …la vejez parece una mala copia de la juventud, una copia decrépita…el resultado es, que en la imagen actual de la vida, la falta de los valores de la vejez, La sabiduría en sus distintas formas…”. Es de esperar que veamos, en estos tiempos, dificultades en encontrar “personas serenadas”, que aceptan y transitan su declinar psicofísico progresivo, asumiendo sus “tareas vitales” de estas fase, su “asentimiento a la vida, desde la seriedad y la fidelidad a la misma…”.

​Y de esta manera, tenemos apuntado el contexto socio-cultural y vital de las personas en la posmodernidad. En este contexto entonces ¿Qué ocurre con el sentido de la vida, con la orientación vital? ¿Cómo queda afectado por este contexto? ¿En qué puede confiar la persona para orientarse?
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